Qué se apaga pronto y qué se queda
En ese mismo estudio de dieciséis años se contaron por separado veinticuatro manifestaciones del trastorno límite de la personalidad. Diez años después, la mitad de ellas quedaba en menos de una persona de cada siete.
Lo primero que se va es lo más ruidoso: la autolesión, los intentos, las exigencias a los demás. Justo aquello por lo que este diagnóstico se reconoce desde fuera.
Lo que más tiempo se queda es lo silencioso: la rabia, la soledad, el vacío, lo insoportable que es estar a solas, la costumbre de no apoyarse en nadie. Eso no lo ve nadie, y es justo con lo que hay que seguir viviendo.
Esto le da la vuelta a lo que suele esperarse. Y conviene saberlo de antemano: cuando lo ruidoso se va y lo silencioso se queda, es fácil decidir que nada ha cambiado. Ha cambiado, solo que no lo que se ve desde fuera.